Hablar de Andrés Herrera, más conocido como Pájaro, es hacerlo de uno de los referentes de la música rock andaluza. Uno de esos guitarristas de raza que parece haber nacido con el instrumento bajo el brazo, con un instinto especial para las escalas y los solos, y con un buen gusto exquisito para tocar, que ha demostrado ya a lo largo de mucho años. Algunos siguen recordándole como el legendario guitarrista que acompañaba al mítico Silvio Fernández Melgarejo en algunas de sus bandas, aunque también ha tocado con gente de la calidad de Kiko Veneno o Raimundo Amador. Sin embargo, Pájaro ya es un artista en sí mismo, y por méritos propios. Y con su nuevo disco, He Matado Al Ángel, viene a confirmarlo.

Pájaro

El trabajo se abre con una introducción totalmente instrumental llamada Apocalipsis, en la que las guitarras se funden en unos acordes exquisitos con el bajo y la batería, coronados por un solo de trompeta de manos de Ángel Sánchez, que le da un toque muy western al tema. Por si la influencia no quedaba clara, Apocalipsis termina con reminescencias claras a las bandas sonoras de Morricone, y una melodía silbada que nos transporta al lejano Oeste.

La suave y sensual melodía de Guarda Che Luna se nos introduce en la cabeza para no abandonarnos. Con una voz cálida y perfectamente encajada en el tema, Andrés nos canta una historia de amor y desamor, a medio camino entre el español y el italiano (algo que seguramente deba al gran Silvio, que también gustaba de mezclar estas dos lenguas). Musicalmente, el tema es una delicia acústica, con toques de órgano por aquí y allá, y una ambientación perfecta para cerrar los ojos y añorar ese amor perdido.

Viene Con Mei nos podría recordar a alguna de aquellas bandas sonoras de películas de los sesenta y setenta, con una percusión distintiva y unos arreglos de viento sorprendentes cuanto menos. La letra, canalla y atrevida, encaja de maravilla con lo que nos dice la música. El primer gran solo del disco está en este tema, con Andrés demostrando el gusto que tiene cuando maneja las seis cuerdas.

¿Habíamos dicho que éste era un disco de rock? Pues sí, lo es, sin lugar a dudas, aunque rock con muchas influencias distintas, ya que Pájaro gusta de ir picando en todos los caladeros musicales que se ha encontrado a lo largo de su larga trayectoria. Así ha recorrido el mar de la música hasta llegar a Costa Ballena, el cuarto tema de este disco, que suena a playa y a rock and blues por los cuatro costados. Un trabajo espectacular a la guitarra, con un sabor añejo que encantará a los más nostálgicos y sorprenderá a aquellos nuevos adeptos al género que busquen algo diferente.

Seguimos adelante con El Pudridero, una canción que sí que suena cien por cien rock and blues desde su comienzo. Es imposible no recordar alguno de los últimos trabajos de Bunbury al escuchar temas como éste. No sabemos hasta qué punto el Pequeño Cabaret Ambulante del zaragozano habrá influenciado al guitarrista sevillano, pero uno casi puede escuchar a la voz de Enrique cantando en este tema (no estaría nada mal una colaboración). La música va meciendo la canción poco a poco, sin acelerarse pero sin parar, con unos solos de categoría.

Nos desviamos un poco del rock para aterrizar en un planeta más cercano al folk acústico con toques country de Sagrario y Sacramento. Una letra intimista y profunda nos transmite una inusitada fuerza a partida de la entrada de toda la banda, que da empaque a la canción acercándola al rock vintage, convirtiéndose en una de las más rápidas del disco.

Volvemos a escuchar la sección de viento en Danza de Fuego, sobre una base continua de percusión casi tribal, erigiéndose entonces la guitarra de Andrés como protagonista, casi desde la lejanía, con ese sonido tan oldie marca de la casa que a estas alturas del disco ya reconocemos como suyo. La evolución final, con guiño al maestro Manuel de Falla, es un auténtico escándalo. Si este disco cae en las manos del señor Tarantino, no nos extrañaría en absoluto encontrarnos con Pájaro en la banda sonora de su próxima película.

Sudeck Man parece un road trip por la mismísima ruta 66, una canción de desarrollo lento pero muchísimo toques interesantes que solo resaltaran a la segunda, tercera y sucesivas escuchas. Porque a estas alturas tenemos claro que He Matado Al Ángel es un disco para escucharlo muchas, muchísimas veces, descubriendo siempre algo nuevo.  La psicodelia de la parte final nos devuelve de nuevo a la idea de lo cuidada que está la ambientación global en este disco.

El son bluesero de El Dorado nos lleva a la búsqueda de la propia esencia de Pájaro, con el órgano Hammond de vuelta para dejar pizcas con encanto a lo largo de  todo el tema. El encanto intimista de la letra y la voz de Andrés se filtra por cada segundo, por cada compás, en la que es posiblemente la canción más completa de todo el trabajo, y una de las que mejor definen el sonido que Pájaro ha querido conseguir en este segundo disco.

Bajo el Sol de Media Noche nos deja un poco descolocados, con ese inicio tan animado y divertido. Es uno de esos temas que proliferaban a principios de los sesenta, a medio camino entre el rock and roll y el blues, con unos coros cuanto menos curiosos y de nuevo unos arreglos magníficos por parte de la sección de viento.  El tono canalla de la canción nos hace introducirnos por completo en esa historia que seguramente muchos hayan vivido en sus carnes. Y es que todos hemos tenido algún que otro amor no correspondido, y aún así, seguimos adorando e idolatrando a esa persona hasta límites insospechados. La manera en la que Pájaro convierte algo tan cotidiano en una magnífica canción imperecedera es lo que de verdad hace único a este artista.

Los vientos se presentan como absolutos protagonistas de los primeros segundos de la trepidante El Padrino, dando paso a un contrabajo que nos mete de lleno en la “acción”, como si de una escena de persecución de la mafia se tratase. Con toquecitos jazzeros y rockeros a lo largo de los poco más de tres minutos que dura el tema, Pájaro demuestra lo trabajado que está este disco, hasta el más mínimo detalle, en cuanto a producción, sonido, arreglos…

El broche de oro de He Matado Al Ángel llega con El Condenado, que comienza flamenca para pasar a ser tarantela en cuestión de segundos, mediterránea en cualquier caso, con una Steel guitar clavándose en cada compás como si fuera a desgarrarnos la vida. Estamos dejando atrás este viaje sonoro por lugares de mala muerte, por rincones llenos de historias canallas donde la picaresca es obligatoria. Y es que El Condenado suena a despedida, a un adiós hondo pero agradecido, sabiendo que hemos disfrutado del viaje y se nos ha hecho cortísimo.

Aunque por suerte está llamando la atención de muchos desde que hace cuatro años sacase su primer disco Santa Leone, Pájaro es uno de esos artistas que todavía no llegan a ser tan conocidos como deberían. Se ha sacado de la manga un disco absolutamente increíble, un clásico moderno de esos que pueden emocionar a abuelos, padres e hijos al mismo tiempo, a poco que la familia tenga un poco de gusto musical. Una referencia hoy por hoy en el blues-rock nacional, un tipo que no se casa con ningún estilo pero se acuesta con todos, que bebe de cualquier influencia y nos emborracha con el embriagador sabor de su guitarra, añeja, fuerte al principio y suave cuando te acostumbras.

La producción de Paco Lamato y Raúl Fernández es de diez, sin más. Todo suena como debe, todos los arreglos están donde tienen que estar, todas las canciones tienen su propia alma, siendo hijas del mismo padre. Andrés Herrera ha dejado claro con He Matado Al Ángel que es uno de los artistas más únicos de la música española, y nosotros solo deseamos que no haya que esperar otros cuatro años para escuchar la continuación de este magnífico trabajo.

Pájaro en concierto

Pájaro en concierto